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EL PAPEL DE LAS EMPRESAS MULTINACIONALES EN EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN

Dentro del fenómeno de la globalización, se ha venido arraigando cada vez más la idea de integrar a las economías los llamados “actores no estatales”, elemento que sin duda marca de manera significativa las relaciones internacionales contemporáneas. Y está claro, que durante los últimos años se ha podido evidenciar que muchas de estas figuras actúan de forma tan determinante en la vida internacional e interna de los Estados -tanto de forma social como económica- que en muchas ocasiones, son los mismos Estados quienes fijan sus políticas públicas basadas en el accionar de dichas entidades no gubernamentales.
Su forma de organización permite que dentro de la esfera internacional puedan adaptarse fácilmente como un elemento dinámico de la economía mundial, y que puedan ser un importante vehículo en la vía de la inversión extranjera directa (IED), hecho que no solo despierta interés en los países desarrollados sino también en los que están en desarrollo pues, entre otras cosas, generan beneficios para los mismos. Sin embargo, la otra faceta, es que constantemente son objeto de discusión pues quienes no están del todo a favor del proceso de globalización, e incluso, muchos de los que si lo están, temen sobre los efectos que puedan generar la inclusión de estas dentro de los mercados locales y en la competencia, también el polémico tema de la responsabilidad con relación a la casa matriz y las sucursales dentro de los Estados anfitriones y, sobre todo, los efectos que genera su actuar dentro del medio ambiente y las condiciones laborales.
En la actualidad, no se discute la posición que ocupan las EMN dentro del mercado internacional, y a partir de ellas se han venido desarrollando diferentes movimientos transnacionales los cuales reconocen la adaptación de estas a la globalización y que las clasifican en sí mismas como una característica importante de este proceso. Su importancia radica en el hecho que han sido un elemento de gran relevancia en la expansión del comercio internacional, dado que le han agregado un componente de ‘facilidad’ al intercambio de productos, generando así grandes beneficios para el mercado global, el cual hoy en día es un mercado de transferencia de trabajo, productos y créditos de un país a otro, en un marco de estrategias de manufactura diseñadas por estas empresas, las cuales minimizan los costes de producción y maximizan la capacidad productiva.
Antes que se diera el proceso de globalización como hoy se conoce, y sobre todo, la fase en que se empezó a desarrollar el comercio internacional como un elemento casi necesario para el desarrollo económico, gran parte del actuar de estas empresas radicaba en la creación de proyectos que implicaban hacer inversiones en sus países natales, exportando sus propios bienes manufacturados, así como servicios; al mismo tiempo, importaban materias primas, hecho que ayudaba de forma importante al país de origen. Hoy en día, establecen industrias en otros países con la motivación de encontrar una rentabilidad económica, hecho que al mismo tiempo aumenta la competitividad entre los países receptores de las inversiones. A raíz de ello, se crean nuevas oportunidades, pues no solo fomentan la competencia externa e interna, sino que también son un puente para la creación de nuevos vínculos entre otras empresas y sociedades, generando así mayores oportunidades laborales para quienes se beneficien de su industria, y además, un catálogo más amplio de bienes y servicios para los consumidores que constantemente demandan nuevos productos.
Si bien la intervención de dichas compañías dentro de la economía internacional genera innumerables beneficios, y lo que se busca es mostrar su relevancia para el impulso de la globalización, no se puede desconocer que existe un lado menos amable en su inclusión dentro de los Estados. La desregulación financiera y social de sus conductas, al lado de la liberación de los esquemas jurídicos y flujos de capital, son los marcos que las EMN usan para desplegar todo su poder social, económico y político. El poder económico de las transnacionales ha generado impactos sociales que no se han tratado de forma suficiente, y han quedado diluidos en los efectos de exclusión y desigualdad social adscritos al fenómeno general de la internacionalización.
Los Estados son en parte altamente responsables pues en su afán de competencia para atraer inversiones directas abren paso a un mecanismo de incentivos, construcción de infraestructura, exenciones de impuesto, desregulaciones laborales y legislaciones especiales, lo que permite conductas deshumanizadoras por parte de estos actores y manifiesta una falencia en materia de transparencia y complicidad de las autoridades locales ante la violación de derechos.
Además, otro asunto preocupante cuando de las multinacionales se trata, son las estructuras internas en que se divide cada una de las dependencias de estos actores no estatales, pues se puede dilucidar que ninguna decisión corporativa y sus resultados se pueden adjudicar a un único individuo, y con base en esto es que es posible eximir de forma más fácil a los individuos de responsabilidad; en otras palabras, el capital humano que labora dentro de estas hace parte del decision-making process de la empresa, sin ser necesariamente cierto que toda la compañía tenga conocimiento de sus actividades y se vea permeada por las consecuencias que sus actuaciones genere.
Su aparición en la escena internacional claramente no ha sido un elemento que ha pasado desapercibido pues ha generado un impacto en diferentes niveles, sobre todo por su poder de persuasión frente a las conductas de responsabilidad y dado que dentro de los diferentes ordenamientos jurídicos de los Estados se les ha permitido obtener el máximo de ganancias a un costo relativamente bajo, aprovechando el vacío existente del aparato gubernamental.
Pese a lo anterior, y con los constantes cambios que surge la humanidad, a la cual se suma también el derecho, este está llamado entonces a ser un espectro donde se empiecen a privilegiar los mecanismos de solución de conflictos, tales como la mediación o arbitraje, dándoles un carácter impositivo; o también concediendo importancia a los grandes organismos internacionales. Asimismo, el derecho deja de ser entonces solo una conformación de muchas normas, y adquiere una gran utilidad dentro del ámbito internacional, sobre todo en el escenario del comercio y la falta de regulación de los nuevos actores emergentes, pues se empiezan a cultivar nuevas estructuras donde se resaltan las conductas de comportamiento de los sujetos.
Las EMN se mueven con fluidez tomando decisiones rápidas con la finalidad de trasladar sus operaciones a otros países, reorientando sus flujos de inversión, yéndose a operar a países donde haya una legislación laboral más flexible, o bien ajustando sus actividades de modo que puedan tributar en condiciones más favorables. Frente a estos supuestos, los Estados en muchos casos pueden verse enfrentados a situaciones desfavorables en muchos sentidos, razón por la cual el derecho deberá́ mantener su misión en el fortalecimiento o redefinición de las instituciones y en la consecución de un orden mundial justo.
Por: Santiago Torres García

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