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SOBRE LAS RELACIONES MERCANTILES

La mayoría alguna vez habrá escuchado sobre lo importante que es para una empresa tener “participación en el mercado”, pero que ¿Qué incidencia tiene esto para la elaboración de políticas organizacionales? La respuesta a este interrogante, tal vez, se encuentre en la mera definición de empresa: “una actividad económica organizada dirigida a alcanzar unos objetivos determinados”.
Para materializar esta conceptualización, se requiere la construcción sistemática de una base fuerte de relaciones entre el comerciante y los grupos que son de interés para una empresa, es decir, los clientes, proveedores y aliados, esto se realiza a través de las modalidades contractuales contempladas por la legislación comercial colombiana.
En este sentido, es importante, primero, tener en cuenta que, en relación con los clientes, es pertinente tener un marco de políticas hacia a ellos ajustada a la Ley 1480 de 2011, si estos son consumidores finales, y en el que se conciba la apertura de un canal permanente de comunicación con ellos, que permita la revisión y mejoramiento de los contratos de adquisición o arredramiento de bienes y servicios a celebrar.
En cuanto a los proveedores, hay un abanico de opciones contractuales que se pueden usar para entablar relaciones sólidas, el más usual siendo el suministro, cuando se necesita recibir un flujo constante de materias primas o servicios por un amplio periodo de tiempo a cambio de dinero; la compraventa, si la prestación es única y se quiere una cosa determinada; el arrendamiento de servicios, que se diferencia del suministro por las patentes notas mercantiles de aquel; el contrato de transporte, que también tendrá una prestación única y se usará cuando lo que se necesite sea llevar efectos a un lugar determinado, pero dependiendo de las necesidades a subsanar se podrían usar otros instrumentos como el mutuo, la permuta, el contrato de ingeniería, etc.
Es igualmente importante para una empresa cuidar de sus relaciones con otro grupo: los aliados, los cuales pueden ser esenciales para abrir canales de comercialización, con ellos se pueden celebrar contratos de colaboración (cuentas de participación y Joint Venture) por medio de los cuales una empresa se obliga a colaborar con otra en búsqueda de la obtención de utilidades; el contrato de consignación, a través del que una empresa contrae la obligación de vender mercancías de otra; de distribución, el cual es atípico y sirve para que un tercero coloque un producto de manera masiva en el mercado.
Todo esto se dice para, de alguna manera evidenciar, la existencia de una plétora de posibilidades que el comerciante debe saber gestionar según sus necesidades y que requieren para su implementación, una asesoría jurídica certera y juiciosa en la que se cotejen los detalles del instrumento contractual elegido con las realidades de la empresa, solo a través de este balance adecuado de medios se podrá proseguir con la consecución de objetivos que orientan la actividad corporativa.
Por: Carolina Herrera Rubio.

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